Blog de jesswitter

Feliz día de los muertos

Carlota llegó al cementerio de la mano de su abuela, ni quería ni entendía por qué tenía que ir, pero creía en su abuela y de su mano iría donde ella le pidiese. Realmente  estaba tan bonito como le había dicho, en todas las lápidas había balcones multicolores de flores, el sol ayudaba desde lo alto del cielo intensificando los rojos, amarillos y verdes con el brillo de su luz. Pero cuando entró en el pasillo y vio otra vez donde estaba enterrada, se quedó paralizada, las piernas le pesaban como si fuesen de piedra y una mano invisible le empezó a apretar la garganta. Su padre que se dio cuenta se acercó a ella con una sonrisa.

-Cariño, estamos aquí celebrando el día de los muertos, toda esta gente viene a traerle flores a sus seres queridos y a recordarlos, en México donde vive la tía Noa es una gran fiesta con música y bailes.

Carlota apartó la mirada de su padre y miró el trozo de mármol negro donde con letras doradas estaba escrito el nombre de su madre. Después miró a su padre y pensó para sí misma:

Cómo voy festejar que mi madre está ahí dentro, inmóvil, sin vida. Como voy a estar contenta si cuando me voy a la cama no me besa en la frente, como voy estar contenta si cuando me caigo no está para sonreírme y aliviarme con sus caricias.

 Tu si estarás contento, porque ya no está gritándote por llegar borracho y haberte gastado todo el dinero que teníamos para comer, y estarás contento porque no te atraviesa con su mirada cada vez que me golpeas en la cabeza por molestarte con” tonterías”, y estarás contento porque ya no tendrás que pegarle más para que aprenda a ser una “buena mujer”. Quizás dentro de un año, aquí mismo, también de la mano de la abuelita yo estaré feliz, mostrando mi mejor sonrisa, festejando el día de los muertos porque tú serás uno de ellos. Si papa, porque no le dije nada al juez no porque te tenga miedo, no. No le dije nada, porque no quiero que te metan en la cárcel papi, quiero matarte yo con mis manitas regordetas de cerdita como a ti te gusta llamarlas mientras te ríes y me golpeas en el culo con tu bota reluciente gracias a mis manitas regordetas de cerdita que las estuvieron limpiando en lugar de hacer la redacción que mandó el profe de Lengua.  Y estoy esperando Papi, porque no tengo la fuerza suficiente para clavarte el cuchillo en la garganta y cruzarla hasta abrirte una sonrisa en el cuello como la que siempre me muestras cuando me caigo. Espero que no tarde mucho en llegar ese día papi, el día en que te acostarás borracho otra vez y no te volverás a despertar. El día en que yo seré libre, mama descansará tranquila y todos celebraremos el día de los muertos porque tú serás uno de ellos.

Carlota miró fijamente a su padre, una lágrima se deslizó por su rosada mejilla y al llegar a la comisura de los labios su boca dibujo una pequeña y pícara sonrisa. Fue entonces cuando su padre notó esa mano invisible en su garganta.


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